El destino de cada una de las cosas…

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Mientras conducía de vuelta a casa después de un largo y tedioso día, se detuvo a comprar algo para llevar de cenar a sus hijos. Estacionó y llevó pesadamente sus pasos hasta el interior del comercio elegido. Una vez hechas las compras regresó con el mismo cansancio a su coche. En ese momento advirtió tirada en el piso, una pieza de alguna especie de motor y la levantó para evitar que alguien fuera a querer lastimar a alguna persona con aquel objeto, ese vecindario se caracterizaba por los asaltos violentos a transeúntes y comercios.

 

Llegó a su casa y cenó tranquilamente con su familia, sus hijos le preguntaron por aquel objeto y él les contestó: – Es importante recoger la basura del suelo, pero más importante es quitar estas cosas que pueden ser usadas para provocar el mal a otros. Después de la lección llegó la hora de dormir.

 

Al día siguiente al llegar a la oficina llevó el objeto a uno de los  contenedores de reciclaje y ahí lo depositó.  Así estará lejos de la maldad y del mal uso.- pensó.

 

A la mañana siguiente al llegar a trabajar se enteró de que había habido un asalto en la empresa en la que trabajaba y supo que habían herido al velador golpeándolo en la cabeza con un objeto que los asaltantes tal vez habían tomado de la basura

 

– Una extraña pieza, tal vez de alguna especie de motor o algo parecido.

 

Crucifijo.

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Desesperado, intentaba arrancar de la boca de su padre moribundo un sonido, un gemido que respondiera sus preguntas. En un principio había intentado ser amable pero ahora ya solo le profería gritos y recriminaciones.

 

–          ¿Donde tienes el dinero? ¡Contéstame! ¡Soy tu hijo!

 

No contestaba. Las hundidas mejillas estaban cubiertas por el llanto y sus antes vivos ojos parecían clavados al crucifijo colgado en la pared. Al notarlo, aumento su desesperación y le gritó aún más fuerte:

 

–          ¡Deja de implorar a tu Dios y responde!

 

Ya no lo hizo. Entre reproches se agotó su último aliento.

Tiempo después volvió al pueblo de su padre. La humilde casa donde antes vivía, ahora estaba convertida en una lujosa y moderna mansión. Fue a conversar con el hombre de la tienda de la esquina, así se entero de que a los compradores de la casa les había sonreído la fortuna. Al demoler la antigua casa, encontraron dinero oculto en una pared, detrás de un crucifijo.

Metamorfosis.

La oruga avanzaba lentamente y con dificultad por entre la tierra y las hojas caídas, de cuando en cuando buscaba un poco de agua entre las ramas en el suelo, sabía que el tiempo había llegado, que debía enfrentarse a la gran meta de su vida, el cambio, la metamorfosis esperada donde dejas de ser lo que eres para convertirte en algo maravilloso.

Lo había escuchado siempre, de su Mamá y de sus compañeras orugas, la espera y el deseo de ser hermosas, dejar de arrastrarse para levantar el vuelo, alcanzar la punta de los árboles y las cimas de las montañas, dejar de ser presa fácil para los depredadores y poder sentir el aire en su rostro, libres, bellas, inalcanzables.

Muchas veces las había visto posadas en las flores, tan majestuosas, tan señoriales y en esos momentos había sentido alegría pero en secreto también un poco de envidia al verse ella arrastrándose lentamente y ellas en cambio, volar de flor en flor en un instante y al otro emprender su huida a nuevos jardines, acaso más bellos y más misteriosos.

-No todas lo logran, le decía su abuela y sabía que era verdad, Mariquita por ejemplo, no había reforzado su línea y al lanzarse al vacío cayó contra el piso para morir días después.

-Debes perder el miedo, le dijo una vez una mariposa, rompiendo la regla de que las mariposas no hablan con orugas y le contó su aventura, de como tenia miedo de intentarlo pero que una vez que estas ahí ya no hay marcha atrás, de como le dolió dejar atrás a sus amigas y a su familia, a los que no lo intentaron, pero también le dijo que era necesario y que hacerlo era una decisión que cada una debía tomar en su corazón.

Supo entonces, mientras avanzaba, que el destino de cada oruga era el cambio, que aun cuando esta vida fuera más cómoda ó más conocida, no era eso para lo que habían venido a este mundo, no vinieron a ver el mundo desde abajo, sino desde arriba.

Estaba tan concentrada que no se dio cuenta que había llegado a la base del árbol que había elegido para hacer frente a su destino, titubeo, sabía que ya nada sería igual, que a muchas orugas, aun las que ama tanto, las dejará de ver para siempre, que durante un tiempo parecerá como ausente pero después vendrá su recompensa.

Empezó a subir, al principio con mucho entusiasmo pero poco a poco el camino pareció ser más difícil, había insectos rondándola para hacerla caer, parecía quedarse sin fuerzas pero no podía desistir, quiso evitar voltear abajo pero al final, la curiosidad la venció, ahí estaba anita, su amiga, mirándola fijamente, se sintió rara por querer estar en lugar de anita, sin problemas y sin complicaciones, pero después recobró la fuerza, su destino la esperaba.

En un buen momento un bicho se plantó frente a ella en lo alto del tronco, esperándola, ella sintió miedo, podría devorarla y aún así ella siguió subiendo, si de cualquier manera iba a morir por lo menos intentaría llegar hasta el punto elegido.

Cuando se acercó, el bicho se hizo a un lado y la dejo pasar, entonces ella entendió que cuando estas determinado a lograr algo hasta tus enemigos te ceden el paso, por fin llegó al punto preciso, comenzó su labor con empeño y alegría, miró por última vez el suelo como oruga y a su vez el cielo donde pronto se encontraría, tomó un suspiro y sin pensar en más se arrojó al vació.

No tener nada que decir…

No tener nada que decir, tal vez no se parezca en nada a no tener nada en que pensar, o tener hambre pero que no se te antoje nada en particular, no se, creo que el no tener nada que decir tiene más que ver con ya tener muchas cosas por decir que con el propio vacío mental, pues una persona que no piensa nada, que no procesa ni duda de nada no puede a ciencia cierta no tener nada que decir, si bien, no piensa en nada por lo tanto el decir algo suguiere un proceso mental en el cual no solo no genera ideas, sino qe ni siquiera esta habituado a ello, por el contrario, no tener nada que decir podría entrar dentro de dos procesos distintos que podrían ser:

1.- Te han dicho algo que te ha impactado y te has quedado “sin nada que decir” , esto es, no porque no puedas contestar o refutar nada, sino porque precisamente suceden dos cosas: o tu interlocutor no entendería lo que vas a decir ó verdaderamente no tienes nada que decir por el hecho de no poder compartir algo con los demás.
2.- Pena ajena. Se esta tocando en una mesa o en una reunión un tema que verdaderamente da pena ajena, no digo que no se deba compartir con mentes pequeñas pero si es una perdida de tiempo y en una de esas hasta una ataque neuronal puedes pescar y son de esas veces que No tienes nada que decir.

Ahora, sinceramente, un escritor no tendría nunca que estar en la situación de no tener nada que decir, debería siempre decir algo, aun sobre cualquier tema, hacer algun comentario que a él particularmente le resulte bastante estupido pero que a los demás les parezca inteligente y que les haga pensar, si es que se puede usar esta palabra, que el escritor en cuestión domina muchos temas y sobre todo aquel tema que a “ellos” les preocupa principalmente, aun cuando sean preguntas profundas y de serio analisis como “¿ a donde va el agua cuando se evapora”

En fin , empece este tema sin tener nada que decir y siento que si lo leo me convenceré de mejor no haber dicho nada, que dicho sea de paso, es el otro angulo de no tener nada que decir, es decir, terminar diciendo, lo que no era necesario decirse.

He dicho.

Caminar…

La brisa te congela el rostro y tus extremidades parecen más un bulto que una ayuda, no solo eso, pareciera que en un momento determinado, la conexión que las une al cerebro se atrofio y en consecuencia, no reciben más ordenes, se apagaron, tal como si en lugar de reiniciarlas tuvieras que hacerlas funcionar manualmente.

 

Eso es en resumen el caminar por las mañanas, una pequeña pero a la vez gigantesca lucha con tu propio ser, una batalla personal que rompe marcas, que logra objetivos, aunque nadie los vea, aunque nadie los aplaude y aunque a nadie le importen, solo a ti.

 

De alguna manera en que no recuerdo, decidí caminar todos los días a la misma hora, las 5:30 de la mañana, claro que no siempre lo hago todos los días, sin embargo cuando esto sucede trato de compensar en el transcurso del día dejando la camioneta lejos de mi destino para obligarme a hacer el recorrido a pie.

 

Para quienes saben que camino, el hecho de hacerlo les parece una pérdida de tiempo ó bien te sugieren la práctica de algún deporte en particular, pero ignoran los enormes beneficios que puede traer, no solo en salud física sino incluso en salud mental, te permite pensar, reflexionar y a esa hora, sin el bullicio normal se despeja tu mente, se abren posibilidades que de otra manera hubieran parecido lejanas y entonces, como por arte de magia, la solución viene ante ti, no por nada muchas cosas que requieren mi atención y respuesta prefiero archivarlas en mi carpeta de “pendientes” para poder razonarlas durante mi recorrido matinal.

 

Además, caminar no requiere de ningún equipo en particular, simplemente es caminar y ya, tampoco te requiere ir vestido de determinada manera, ni con cierta marca, ni hacerlo de ninguna forma, solo hacerlo, no hay quien te juzgue al no haber quien te vea, y si acaso alguien te ve o te encuentra, resulta que esa persona va tan ensimismado en sus pensamientos que solo te ve, te saluda y sigue su camino, es decir, un mundo perfecto.

 

No hay mucho más que pueda decir, tal vez el hecho de lo imposible que resulta en ocasiones levantarte y echar a andar, pero justo en ese momento pienso en lo que haría si de verdad me fuera físicamente imposible andar y en consecuencia…empiezo a caminar.