Archivo para 30 octubre 2015

Metamorfosis.

La oruga avanzaba lentamente y con dificultad por entre la tierra y las hojas caídas, de cuando en cuando buscaba un poco de agua entre las ramas en el suelo, sabía que el tiempo había llegado, que debía enfrentarse a la gran meta de su vida, el cambio, la metamorfosis esperada donde dejas de ser lo que eres para convertirte en algo maravilloso.

Lo había escuchado siempre, de su Mamá y de sus compañeras orugas, la espera y el deseo de ser hermosas, dejar de arrastrarse para levantar el vuelo, alcanzar la punta de los árboles y las cimas de las montañas, dejar de ser presa fácil para los depredadores y poder sentir el aire en su rostro, libres, bellas, inalcanzables.

Muchas veces las había visto posadas en las flores, tan majestuosas, tan señoriales y en esos momentos había sentido alegría pero en secreto también un poco de envidia al verse ella arrastrándose lentamente y ellas en cambio, volar de flor en flor en un instante y al otro emprender su huida a nuevos jardines, acaso más bellos y más misteriosos.

-No todas lo logran, le decía su abuela y sabía que era verdad, Mariquita por ejemplo, no había reforzado su línea y al lanzarse al vacío cayó contra el piso para morir días después.

-Debes perder el miedo, le dijo una vez una mariposa, rompiendo la regla de que las mariposas no hablan con orugas y le contó su aventura, de como tenia miedo de intentarlo pero que una vez que estas ahí ya no hay marcha atrás, de como le dolió dejar atrás a sus amigas y a su familia, a los que no lo intentaron, pero también le dijo que era necesario y que hacerlo era una decisión que cada una debía tomar en su corazón.

Supo entonces, mientras avanzaba, que el destino de cada oruga era el cambio, que aun cuando esta vida fuera más cómoda ó más conocida, no era eso para lo que habían venido a este mundo, no vinieron a ver el mundo desde abajo, sino desde arriba.

Estaba tan concentrada que no se dio cuenta que había llegado a la base del árbol que había elegido para hacer frente a su destino, titubeo, sabía que ya nada sería igual, que a muchas orugas, aun las que ama tanto, las dejará de ver para siempre, que durante un tiempo parecerá como ausente pero después vendrá su recompensa.

Empezó a subir, al principio con mucho entusiasmo pero poco a poco el camino pareció ser más difícil, había insectos rondándola para hacerla caer, parecía quedarse sin fuerzas pero no podía desistir, quiso evitar voltear abajo pero al final, la curiosidad la venció, ahí estaba anita, su amiga, mirándola fijamente, se sintió rara por querer estar en lugar de anita, sin problemas y sin complicaciones, pero después recobró la fuerza, su destino la esperaba.

En un buen momento un bicho se plantó frente a ella en lo alto del tronco, esperándola, ella sintió miedo, podría devorarla y aún así ella siguió subiendo, si de cualquier manera iba a morir por lo menos intentaría llegar hasta el punto elegido.

Cuando se acercó, el bicho se hizo a un lado y la dejo pasar, entonces ella entendió que cuando estas determinado a lograr algo hasta tus enemigos te ceden el paso, por fin llegó al punto preciso, comenzó su labor con empeño y alegría, miró por última vez el suelo como oruga y a su vez el cielo donde pronto se encontraría, tomó un suspiro y sin pensar en más se arrojó al vació.

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