No tener nada que decir…

No tener nada que decir, tal vez no se parezca en nada a no tener nada en que pensar, o tener hambre pero que no se te antoje nada en particular, no se, creo que el no tener nada que decir tiene más que ver con ya tener muchas cosas por decir que con el propio vacío mental, pues una persona que no piensa nada, que no procesa ni duda de nada no puede a ciencia cierta no tener nada que decir, si bien, no piensa en nada por lo tanto el decir algo suguiere un proceso mental en el cual no solo no genera ideas, sino qe ni siquiera esta habituado a ello, por el contrario, no tener nada que decir podría entrar dentro de dos procesos distintos que podrían ser:

1.- Te han dicho algo que te ha impactado y te has quedado “sin nada que decir” , esto es, no porque no puedas contestar o refutar nada, sino porque precisamente suceden dos cosas: o tu interlocutor no entendería lo que vas a decir ó verdaderamente no tienes nada que decir por el hecho de no poder compartir algo con los demás.
2.- Pena ajena. Se esta tocando en una mesa o en una reunión un tema que verdaderamente da pena ajena, no digo que no se deba compartir con mentes pequeñas pero si es una perdida de tiempo y en una de esas hasta una ataque neuronal puedes pescar y son de esas veces que No tienes nada que decir.

Ahora, sinceramente, un escritor no tendría nunca que estar en la situación de no tener nada que decir, debería siempre decir algo, aun sobre cualquier tema, hacer algun comentario que a él particularmente le resulte bastante estupido pero que a los demás les parezca inteligente y que les haga pensar, si es que se puede usar esta palabra, que el escritor en cuestión domina muchos temas y sobre todo aquel tema que a “ellos” les preocupa principalmente, aun cuando sean preguntas profundas y de serio analisis como “¿ a donde va el agua cuando se evapora”

En fin , empece este tema sin tener nada que decir y siento que si lo leo me convenceré de mejor no haber dicho nada, que dicho sea de paso, es el otro angulo de no tener nada que decir, es decir, terminar diciendo, lo que no era necesario decirse.

He dicho.

Caminar…

La brisa te congela el rostro y tus extremidades parecen más un bulto que una ayuda, no solo eso, pareciera que en un momento determinado, la conexión que las une al cerebro se atrofio y en consecuencia, no reciben más ordenes, se apagaron, tal como si en lugar de reiniciarlas tuvieras que hacerlas funcionar manualmente.

 

Eso es en resumen el caminar por las mañanas, una pequeña pero a la vez gigantesca lucha con tu propio ser, una batalla personal que rompe marcas, que logra objetivos, aunque nadie los vea, aunque nadie los aplaude y aunque a nadie le importen, solo a ti.

 

De alguna manera en que no recuerdo, decidí caminar todos los días a la misma hora, las 5:30 de la mañana, claro que no siempre lo hago todos los días, sin embargo cuando esto sucede trato de compensar en el transcurso del día dejando la camioneta lejos de mi destino para obligarme a hacer el recorrido a pie.

 

Para quienes saben que camino, el hecho de hacerlo les parece una pérdida de tiempo ó bien te sugieren la práctica de algún deporte en particular, pero ignoran los enormes beneficios que puede traer, no solo en salud física sino incluso en salud mental, te permite pensar, reflexionar y a esa hora, sin el bullicio normal se despeja tu mente, se abren posibilidades que de otra manera hubieran parecido lejanas y entonces, como por arte de magia, la solución viene ante ti, no por nada muchas cosas que requieren mi atención y respuesta prefiero archivarlas en mi carpeta de “pendientes” para poder razonarlas durante mi recorrido matinal.

 

Además, caminar no requiere de ningún equipo en particular, simplemente es caminar y ya, tampoco te requiere ir vestido de determinada manera, ni con cierta marca, ni hacerlo de ninguna forma, solo hacerlo, no hay quien te juzgue al no haber quien te vea, y si acaso alguien te ve o te encuentra, resulta que esa persona va tan ensimismado en sus pensamientos que solo te ve, te saluda y sigue su camino, es decir, un mundo perfecto.

 

No hay mucho más que pueda decir, tal vez el hecho de lo imposible que resulta en ocasiones levantarte y echar a andar, pero justo en ese momento pienso en lo que haría si de verdad me fuera físicamente imposible andar y en consecuencia…empiezo a caminar.